miércoles, 10 de octubre de 2007

Lecturas: El enigma del cuatro, por Norberto

por Norberto

Acabo de leer la novela el enigma del cuatro.

No sé si a alguno le habrá pasado, pero a mí medio que me desespera salir a comprar un libro y no encontrarlo, insistir, buscarlo hasta por las ferias de usados y tampoco.

Con este libro me pasó algo así, igual sigo agradecido Leti, vos no tenés la culpa.

Hará unos cinco años leí algún comentario, probablemente en Página 12, y me quedó el nombre. Me quedó porque fui a comprarlo y no estaba, una vez en una feria estuve más de una hora esperando a un puestero, que cuando llega me dice que lo había vendido el día anterior. Enseguida me acuerdo del cuento aquel de Bradbury, el del tipo que recorría el universo buscando a unos seres que tenían forma de globo, y siempre llegaba tarde.

Bueno, todo ese entusiasmo reforzado por imposibilidades, se me vino abajo antes de haber leído las primeras cien páginas.

Es un libro que está bien escrito, el lenguaje es claro. Pero tiene un defecto, es muy descriptivo del entorno, para mí se extiende demasiado y descuida el tema central, el enigma y la trama. Que siempre es el gancho en estas historias.
Hay cuatro personajes pobremente delineados, recién hacia el final se destacan dos, uno es el relator. No me quedó claro porque lo relata este personaje, los episodios los vivieron casi todos juntos, lo podría haber relatado cualquiera, o ninguno de ellos. Pero bueno, tal vez eso se deba a la chatura de la historia, poco creativa la forma de narrar, hasta aburre por momentos.
Y lo peor, el armado del enigma. El esbozo del enigma. Pobretón, poco creíble, inconsistente. Uno no espera que se la cuenten al detalle, pero al menos que nos lo adornen de alguna forma y nos engañen y nos la creamos, que tengan un mínimo de sutileza, de inventiva. Es tan endeble en la novela, que no se sostiene, queda demasiado confuso, no parece claro, no adquiere la consistencia que lo haría distinto, al menos más interesante. Este libro da la sensación de haber sido escrito a fines del siglo XIX.

El argumento es sencillo, un adolescente en el secundario está haciendo una tesis sobre un libro muy antiguo, incomprensible, que parece estar escrito en clave y hasta el momento nadie pudo descubrirla. El relator resulta ser el hijo de alguien que estudió este libro durante toda su vida, e histeriquea durante toda la novela entre ayudar al amigo para terminar la investigación del padre, o dedicarle su tiempo a la novia que así se lo reclama. En el medio está la vida cotidiana de los estudiantes. La historia del libro. Algún crimen extraño que parece relacionado, la policía casi fantasma. Los posibles significantes. Y mucho, mucho, mucho relleno.

Y al final, regreso como estafado a aquel comentario en la sección cultural, ¿qué habrá interpretado aquel periodista venido en crítico literario para escribir lo que escribió?, ¿o será alguno de esos que cobran del diario y de la editorial y su artículo conmigo resultó exitoso?

Evidentemente, lejos, muy lejos de algunos títulos que hacen historia en este estilo.