sábado, 3 de noviembre de 2007

Quién teme a Virginia Woolf, de Edward Albee

por Dani

En el baño de un bar, el dramaturgo estadounidense Edward Albee leyó una vez la siguiente frase escrita en el espejo: “¿Quién teme a Virginia Woolf?”. Se trata de un juego de palabras. La pregunta en la vieja canción infantil, dice: “¿Quién teme al lobo feroz?” La expresión wild wolf ha sido reemplazada por Virginia Woolf.

La escritora V. W. poco tiene que ver con esta obra de Albee, sólo aparece en el título y en esa rima que repiten los personajes un poco en broma pero desafiando a los demás. La obra es un verdadero juego de lobos. Los personajes se dedican a herirse, a humillarse. Se entreveran en duelos verbales cargados de cinismo y de crueldad que, por momentos, parecen no tener justificación.

“¿Quién teme a Virginia Woolf?”, la obra más famosa de Albee, se divide en tres actos. Sólo hay cuatro personajes, y todo transcurre en el comedor de una casa en el campus de una universidad de Nueva Inglaterra. Martha y George están casados desde hace tiempo; ella tiene cincuenta y dos años, él cuarenta y seis. Martha es la hija del rector de la universidad, en la que trabaja su marido como profesor de historia. Esta pareja invita a un profesor de biología, Nick, de treinta años, y a su mujer ingenua y algo tímida, de veintiséis. Nick acaba de ingresar a la universidad como docente. La reunión entre estas dos parejas se extiende durante horas, hasta la madrugada. La atmósfera, de una tensión creciente, mantiene en vilo al lector desde la primera línea hasta la última. La violencia verbal es tan intensa que cada tanto se hace necesario un respiro. El respiro, por si no queda claro, se lo tomará el lector de vez en cuando, no los personajes, que no dejarán trapito sucio por sacar.

Varias veces Martha humilla a su marido delante de los invitados. Hay un punto en el que su marido le suplica y le advierte que no siga. Ella no se detiene, hasta que el discurso cesa y quedan en silencio. Entonces será el turno de George, que se tomará venganza contra todos y cada uno. Como bromeando, los irá despellejando con su cinismo, quitará capa tras capa hasta llegar a la verdad.

¿Quién es el lobo? Puede que sea Martha, puede que sea George o tal vez Nick. O puede que se trate de otra cosa. El lobo es, quizás, la frustración que hay en esas parejas, sus enfermas relaciones.

La situación es extraña. Uno trata de entender, de saber qué está pasando, y entre tanta mentira irán quedando al descubierto hilachas de verdad. El juego tiene ribetes de una realidad intolerable. Y así, poco a poco, es posible separar una cosa de otra, entreviendo las auténticas miserias de cada personaje.

No es teatro del absurdo, aunque por momentos parece rozar el género. Hay un final catártico, un final esclarecedor que nos muestra un panorama de tristeza y de vacío. El alcohol es un ingrediente necesario en la obra: hace que los diálogos —audaces, inteligentes, agresivos— resulten verosímiles allí donde más desconciertan.

Estos juegos de Martha y George no sólo se dan cuando tienen invitados. Ellos se ejercitan constantemente: es su extraña manera de convivir... y de quererse. ¿Se aman? Seguro, al menos yo no tengo dudas. “Sólo sacamos a pasear lo que nos queda de cerebro”, le explica George a un incómodo profesor de biología. La llegada de los invitados, en todo caso, es una excusa para enfatizar la violencia de los juegos. No se trata de insultar porque sí, no es un melodrama en el que se humillan unos a otros sin sentido. A través del juego (distorsión de lo real) se esquiva la verdad, se sobrevive, se disimulan los fracasos, la vida se hace menos dolorosa. ¿Por qué no se retiran los invitados? ¿Por qué se prestan al juego cruel? Acaso porque están metidos en el baile y no les queda otra que seguir bailando. Lo cierto es que sí hay un momento en el que podrían retirarse... pero no lo hacen.

Una obra intensa, aguda, desconcertante. En fin, un clásico contemporáneo.

En la versión cinematográfica —yo no la vi— Elizabeth Taylor interpreta a Martha, y Richard Burton hace de George. La película obtuvo trece nominaciones al Oscar, y se llevó cinco.

1 comentario:

Afilado dijo...

Pues mi amigo, sin verte la película las haz descrito a la perfección. Ese ha sido el logro histórico de esa película.